Por Alberto Ramírez Romero. Preparador físico Centro Andaluz de Estudios y Entrenamiento sede Málaga
A la hora de programar un entrenamiento, se ha de tener en cuenta que medios y herramientas podemos ten
er a nuestro alcance para lograr el objetivo perseguido.
Cuando hablamos de psicología deportiva, observamos como el factor ambiental es clave de cara a mejorar nuestro propio rendimiento. El sentirnos “encerrados” en un espacio o “agobiados” por el entorno, debido a sus propias características o al exceso de uso del mismo medio, nos anula esa motivación necesaria para hacer frente al esfuerzo y el sacrificio que conlleva la preparación de determinadas pruebas físicas o la mejora de nuestras propias cualidades.
Una de las tareas de todo profesional de la educación física, es intentar evitar que esta situación ocurra, y para ello, lo mas recomendable es alternar el medio a utilizar y aprovechar los recursos que tenemos en nuestro entorno. El entrenamiento en la playa es un buen ejemplo de ello, una vez comienza el buen tiempo.
Son muchas las ventajas que nos ofrece este medio, enfocado a trabajar la
mejora de aspectos como la fuerza, la velocidad o la resistencia, pudiéndose realizar multitud de ejercicios tanto en arena blanda como en la orilla, aunque cabe destacar como recurso bastante efectivo y recomendable, al finalizar la sesión, el realizar la vuelta a la calma entrando en el agua aprovechando las bajas temperaturas, lo cual nos ayudará a disminuir los tiempos de recuperación y a restar los posibles daños estructurales ocasionados por los ejercicios realizados en dicha sesión. Es muy importante que dichas sesiones se ejecuten en horas del día con temperaturas suaves, utilizando un vestuario cómodo a adecuado y estando en todo momento bien hidratados.
“Aprovecha los medios, utilízalos según te convenga, pero sobre todo, disfrútalo al máximo”, solo de esa manera se obtendrán buenos resultados. Una gran experiencia y sobre todo, un gran acierto.



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