Un peso corporal adecuado: El primer paso para un buen entrenamiento. (I)

A menudo, viene gente al gimnasio o a las pistas, donde entrenamos, y nos piden asesoramiento para mejorar su rendimiento deportivo. Son corrientes, preguntas tales como “¿podré en tres meses hacer 15 dominadas”?, “¿es posible bajar mi tiempo en el 1.000 entrenando doble sesión?”, “¿qué puedo tomar para mejorar, aparte del entrenamiento?” o “qué ejercicios extra puedo hacer para mejorar el salto?”, entre otras muchísimas de similares características. Todos, en nuestra condición esencial de seres humanos, queremos fundamentalmente MEJORAR, y si es posible, en CUANTO ANTES MEJOR.

En mis 22 años como entrenador y preparador personal, si hay algo que he aprendido, es que para lograr un objetivo, tanto en la vida como en el deporte, hay que responder a tres preguntas cruciales: ¿Dónde estamos? (es decir, saber  claramente cual es nuestra situación, de forma racional y coherente), ¿Hacía dónde queremos ir? (definir nuestro objetivo de la misma forma que actuamos antes) y finalmente, ¿Cómo podemos lograrlo? (analizar de forma concienzuda las posibilidades que tenemos y dar con la mejor para alcanzar nuestro objetivo; una vez elegida, ir con ésta “a por todas”).

A la hora de hacerme este cuestionamiento, durante los primeros años de vida profesional, obvié, quizás más de la cuenta, dos parámetros que hoy día, veo FUNDAMENTALES en la mejora del RENDIMIENTO DEPORTIVO, en sus diferentes vertientes (ocio/entretenimiento, escuelas de iniciación, preparación de oposiciones o tecnificación deportiva y alto nivel). Estos son, el PESO CORPORAL (“PC”, a partir de ahora) y el APOYO o PISADA.  Hoy nos centraremos en el primero, aunque en muchos aspectos, ambos pueden ir ligados.

Nuestro peso en Kg, no es sino  la “carga” que debemos “soportar” para realizar las diferentes actividades que la vida nos encomienda. Ni que decir tiene, que estas actividades son de lo más heterogéneas; desde ir andando a la tienda de la esquina, a estar de pie ocho horas al día, conducir otras tantas horas cotidianamente o levantar sacos de 20 kilos de patatas o cemento, por poner diferentes ejemplos. En muchas de estas actividades convencionales, un exceso de p.c. va a implicar un extra en la dificultad de la actividad a desarrollar, o bien va a generar una serie de secuelas negativas para un futuro desarrollo de la misma (molestias, dolores articulares y  musculares, inflamaciones etc…).

Si esto es así en la vida diaria, en el deporte se puede ver multiplicado de forma exponencial. No nos tenemos que ir al deporte de élite, donde es más que obvio el cuidado que los profesionales procuran para con su cuerpo. Alimentación controlada, complementos dirigidos, ejercicio medido al milímetro… Esto es algo que hace unas décadas era casi impensable, pero que hoy día forma parte inherente del deportista de alto rendimiento.

Como digo, no nos tenemos que ir a tan altas esferas, donde el control del p.c, es tan importante como el propio entrenamiento. En mis grupos, desde los de vigilantes de seguridad, pasando por los de policías, guardia civiles, hasta los de bomberos del grupo avanzado o chicos/as de tecnificación deportiva, en todos digo, hay un factor común predominante. Este es, que los más “finos” suelen ser los mejores, los más completos. No significa esto que la delgadez en sí misma sea la virtud; no, hablamos de la “finura”(1)  como concepto de base. Entendiendo este término como la máxima fuerza posible, con el p.c. más adecuado para el ejercicio concreto. Hablaríamos, entonces, más que de fuerza, de POTENCIA.

Continuará…

(1): Ejemplos de “finura”. Grupo de Bomberos “avanzados”, entrenados por Carlos Ruiz, en el Centro Andaluz.

Carlos Ruiz. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, Entrenador Nacional de Atletistmo, Técnico en alto rendimiento y preparador del Centro Andaluz.

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